Por Tincho Lehmann (@tincholehmann)
"El traje nuevo del emperador" es un cuento del reconocido autor Hans Christian Andersen publicado por primera vez en 1837. Aunque a simple vista parece solo un relato para chicos, la realidad es que tiene un contenido profundo y plenamente vigente aún en el siglo 21 (o XXI, como prefieran).
Existen múltiples versiones del cuento, así que a los fines de que esta nota no se haga muy extensa voy a compartir una de las más cortas. Acá va*:
"Había una vez un emperador al que le encantaban los trajes. Destinaba toda su fortuna a comprar y comprar trajes de todo tipo de telas y colores. Tanto que a veces llegaba a desatender a su reino, pero no lo podía evitar, le encantaba verse vestido con un traje nuevo y vistoso a todas horas. Un día llegaron al reino unos impostores que se hacían pasar por tejedores y se presentaron delante del emperador diciendo que eran capaces de tejer la tela más extraordinaria del mundo.
- ¿La tela más extraordinaria del mundo? ¿Y qué tiene esa tela de especial?
- Así es majestad. Es especial porque se vuelve invisible a ojos de los necios y de quienes no merecen su cargo.
- Interesante… ¡entonces hacedme un traje con esa tela, rápido! Os pagaré lo que me pidáis.
Así que los tejedores se pusieron manos a la obra.
Pasado un tiempo el emperador tenía curiosidad por saber cómo iba su traje pero tenía miedo de ir y no ser capaz de verlo, por lo que prefirió mandar a uno de sus ministros. Cuando el hombre llegó al telar se dio cuenta de que no había nada y que lo que los tejedores eran en realidad unos farsantes pero le dio tanto miedo decirlo y que todo el reino pensara que era estúpido o que no merecía su cargo, que permaneció callado y fingió ver la tela.
- ¡Qué tela más maravillosa! ¡Que colores! ¡Y qué bordados! Iré corriendo a contarle al emperador que su traje marcha estupendamente.
Los tejedores siguieron trabajando en el telar vacío y pidieron al emperador más oro para continuar. El emperador se lo dio sin reparos y al cabo de unos días mandó a otro de sus hombres a comprobar cómo iba el trabajo.
Cuando llegó le ocurrió como al primero, que no vio nada, pero pensó que si lo decía todo el mundo se reiría de él y el emperador lo destituiría de su cargo por no merecerlo así que elogió la tela.
- ¡Deslumbrante! ¡Un trabajo único!
Tras recibir las noticias de su segundo enviado el emperador no pudo esperar más y decidió ir con su séquito a comprobar el trabajo de los tejedores. Pero al llegar se dio cuenta de que no veía nada por ningún lado y antes de que alguien se diera cuenta de que no lo veía se apresuró a decir:
- ¡Magnífico! ¡Soberbio! ¡Digno de un emperador como yo!
Su séquito comenzó a aplaudir y comentar lo extraordinario de la tela. Tanto, que aconsejaron al emperador que estrenara un traje con aquella tela en el próximo desfile. El emperador estuvo de acuerdo y pasados unos días tuvo ante sí a los tejedores con el supuesto traje en sus manos.
Comenzaron a vestirlo y como si se tratara de un traje de verdad iban poniéndole cada una de las partes que lo componían.
- Aquí tiene las calzas, tenga cuidado con la casaca, permítame que le ayude con el manto…
El emperador se miraba ante el espejo y fingía contemplar cada una de las partes de su traje, pero en realidad, seguía sin ver nada.
Cuando estuvo vestido salió a la calle y comenzó el desfile y todo el mundo lo contemplaba aclamando la grandiosidad de su traje.
- ¡Qué traje tan magnífico!
- ¡Qué bordados tan exquisitos!
Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo:
- ¡Pero si está desnudo!
Y todo el pueblo comenzó a gritar lo mismo pero aunque el emperador estaba seguro de que tenían razón, continuó su desfile orgulloso".
La moraleja de este cuento es entre otras cosas el miedo a la verdad, la importancia de la honestidad y la valentía para enfrentar la realidad, incluso cuando va en contra de la corriente de la opinión popular. ¡De 1837 a hoy esto está vigente! Políticos, jueces y fiscales que se visten con el traje de la corrección política, ideología de género y otras yerbas del globalismo (no porque crean en ello sino porque les conviene creerlo), mientras son aplaudidos por un séquito de obsecuentes, ayudados también por una población que calla por miedo a decir lo que realmente piensa en su fuero íntimo.
Seamos entonces como aquel niño que no tuvo miedo en decir la verdad en medio de la multitud. Aún cuando parezca que nuestra opinión es minoritaria si pensamos que es la correcta hay que animarse a expresarla. El último párrafo del cuento lo dice muy bien: "Y todo el pueblo comenzó a gritar lo mismo" luego de que el pequeño manifestó lo que pensaba. Si lo hacen, sin dudas muchos de ustedes se llevarán una sorpresa al encontrarse con personas que comparten su visión pero no se habían atrevido a darla a conocer.
* Texto del cuento extraído de: http://www.cuentoscortos.com/cuentos-clasicos/el-traje-nuevo-del-emperador

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