En la inolvidable final del Mundial de fútbol Qatar 2022 se aplicó una herramienta tecnológica que mediante un sensor permite saber si la pelota efectivamente cruzó la línea de gol y entró al arco. Desde ya que resulta muy útil cuando la jugada puede haber dado lugar a dudas.
El árbitro del partido, Szymon Marciniak, tuvo que hacer uso de este recurso en el tercer gol de la Argentina en el tiempo de alargue. El toque de Messi para enviar la pelota dentro del arco fue rápidamente rechazado por un jugador francés, pero el balón ya había atravesado la línea.
Como todo transcurrió tan rápido, para fallar con certeza lo primero que hizo el juez fue mirar su reloj. El mismo que estaba conectado al sistema antes mencionado le indicó que efectivamente había sido gol.
Pero qué mejor que lo puedan recordar ustedes mismos a través de este video:
Como suele ocurrir, la incursión de la tecnología en los deportes (especialmente en el fútbol, que pareciera un tanto reticente a esto) tiene sus adeptos y detractores. No olvidemos que en este mismo Mundial, en el primer partido contra Arabia Saudita el sistema informático del off-side nos jugó una mala pasada a los argentinos, activándose por apenas unos centímetros de un brazo fuera de juego.
¿Qué tiene que ver todo esto con los poderes judiciales argentinos, latinoamericanos y del mundo en general? Pues que mientras que la observancia del reglamento en los deportes hoy tiende a buscar la objetividad, la precisión y la inexcusable adhesión al las normas, el derecho transita otro camino diferente. Por supuesto que la analogía entre ambas actividades tiene muchas diferencias y matices, pero guarda a la vez similitudes profundas que permiten ciertas comparaciones.
Gran parte de la ciudadanía en general cree que el mundo judicial se maneja actualmente como aquel momento de la final en la que se recurrió a una herramienta precisa que pudiera distinguir si la regla se cumplía o no, es decir, si la pelota había entrado o no. Nadie se planteó otras opciones... solo existían esas dos: gol o no gol.
Pero lo cierto es que en los tribunales las cosas funcionan de otra manera. Además de la ley escrita, existen y pesan mucho las interpretaciones subjetivas. Como si eso fuera poco, existe también la jurisprudencia (historial de fallos) y las innumerables interpretaciones que se pude hacer de la misma.
Volviendo al ejemplo del gol de Messi, es como si Marciniak más allá de lo que le dijera su reloj hubiera aplicado la "perspectiva de pelota" cuestionando si realmente el esférico tenía intención de ingresar al arco o si acaso el balón se sintió obligado a cumplir con un "estereotipo de pelota" o "patrones de conducta" creados por una sociedad adicta a los goles. También podría haber apelado a decisiones de campeonatos anteriores en donde situaciones similares se hubieran resuelto a favor o en contra basándose en lo fallado por otros árbitros.
Este complejo sistema decisorio es lo que realmente ocurre con los jueces en el ámbito judicial y es lo que genera una gran cantidad de conflictividad, porque esto resulta en algo altamente subjetivo donde fácilmente se pueden filtrar miradas políticas, tendencias ideológicas y se puede ceder a presiones del poder de turno. Vamos, que no estoy diciendo nada nuevo.
Hay que remarcar que esta situación no es estática y algo está cambiando. El gran e inexorable debate que se acerca para los profesionales del derecho es la entrada de la Inteligencia Artificial a los tribunales. Aunque parezca lejano, en ciertas ramas del derecho ya se está aplicando en otros países y ha comenzado a permear lentamente. En 2023 la IA dio sus primeros pasos para dirimir judicialmente multas por infracciones de tránsito, logrando que en numerosas oportunidades se dejara sin efecto la sanción luego de que el caso fuera analizado digital y objetivamente mediante la App DoNotPay.
De ninguna manera sugiero que el factor humano deba ser removido de las decisiones judiciales, pero la creciente sospecha de fallos mal fundados, sesgados, ideologizados y alejados de la normativa es motivo de grandes conflictos sociales. Permitir el ingreso de la tecnología como herramienta (no necesariamente para suplantar a los operadores judiciales) debería ser aceptado como la realidad que ya es, aunque en estado embrionario. Aquellos profesionales del derecho con vocación que la sepan aprovechar de forma inteligente comenzarán a destacarse y muy probablemente a ser reconocidos por aquella ciudadanía que espera que se cumpla la ley y se haga justicia tal como se hizo con el gol de Messi de la final... que por cierto fue un golazo. ¡Vamos Argentina!

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