Por Tincho Lehmannn (@tincholehmann)
Esto se da cuando se tratan temas que cuestionan a algún gobierno o dudan de políticas públicas como las cuestiones de sexo y género, asuntos privados que se han politizado en la última década.
Uno de los ejemplos más recientes es el del asesinato de Lucio Dupuy a manos de su madre y la pareja de ésta. La Justicia contaminada por cuestiones ideológicas le dio la custodia del pequeño a su progenitora básicamente por ser mujer. Desoyó así los reiterados planteos del padre del niño y de sus abuelos para que esto no sucediera. A pesar de las advertencias, todo siguió su curso y el menor fue brutalmente castigado hasta producirle la muerte.
Este caso dejó tan en evidencia el daño que puede producir un Poder Judicial obnubilado con la ideología de género que produjo un cimbronazo en los grandes medios de comunicación. Por un lado lo ocurrido era muy evidente como para ignorarlo y por otro contradecía la línea editorial de sus canales, radios, etc. (Recordemos que "TN", uno de los principales canales de noticias de Argentina, llegó a tener entre su staff una "editora de género". Es decir, una persona especialmente dedicada a decidir mediante un tamiz ideológico aquello que podía ser dicho y aquello que debía ser censurado).
Esta misma situación se repite a nivel de las provincias cuando mucha gente se pregunta por qué algunas causas judiciales no aparecen en los principales medios del distrito. Todas las respuestas posibles derivan en una misma causa: la pauta. ¿Pero es realmente tan importante? ¿Por qué todo el mundo habla de la pauta?
La pauta es básicamente la difusión de propaganda política que un gobierno "pauta" o "establece" con un medio de comunicación a cambio de dinero, platita, mosca, tarasca. Sí, billetes constantes y sonantes. Este concepto surgido mucho tiempo atrás tenía cierta lógica cuando los Estados acudían a esta forma de difundir sus mensajes para tener una llegada que por sí mismo no podían lograr. Anuncios de censos, advertencias climáticas a la población, convocatorias importantes, etc. Pero con el pasar de las décadas todo fue cambiando.
En un tiempo no tan lejano los canales de tele, los diarios y radios, necesitaban de una superestructura para poder funcionar. Empezando por un lugar físico, un edificio que albergara la redacción, los estudios etc. Luego mucho personal dedicado a cada tarea: camarógrafos, sonidistas, editores, diagramadores, iluminadores, maquilladores y demás. ¡Imagínense el costo mensual de todo eso!
El fenomenal avance tecnológico de las últimas décadas en las comunicaciones hizo que la cosa se simplificara de forma muy veloz. Además el poder de comunicar masivamente hoy está alcance de casi todos. Cualquiera con acceso a un celular y una idea atractiva puede influir poderosamente sobre la opinión pública. En muy pocos años toda esa superestructura de la que hablábamos empezó a quedar obsoleta pero los medios tradicionales en general no fueron adaptándose al cambio.
Ese cambio fue inevitable y hoy lo podemos comprobar no solo con estadísticas, sino con ver que los más chicos ya casi no consumen este tipo de medios. Lejos quedaron aquellos programas que llegaban a medir 30 o 40 puntos de rating en la tele. Hoy la torta es mucho más chica y por ende la influencia mucho menor y esto hizo que los anunciantes publicitarios (los privados) migraran hacia donde se había ido el público: Internet.
Al ir mermando esa importantísima fuente de financiamiento privado, los enormes medios tradicionales que no se adaptaron, quedaron con una mega estructura cada vez más insostenible. Ese fue el momento en que "la pauta" de los gobiernos comenzó a tomar mucha más relevancia y en varios casos a convertirse en el único sustento para seguir existiendo.
De esta manera se puede explicar sencillamente por qué gran parte de la prensa que hoy conserva importantes nombres suele tener una agenda informativa sumamente benévola con el gobierno de turno. La famosa independencia informativa se cae sola cuando lógicamente no se puede morder la mano del que te da de comer.
Ya ustedes sabrán que las "verdades incuestionables de género" han sido al menos hasta hoy asuntos políticos bien financiados con dinero del Estado. De esta manera, uno puede comenzar a responder esa pregunta que mencionamos antes: "¿Por qué esto no sale en ningún medio?". Piensen en el diario más importante de su ciudad o el canal de tele provincial más reconocido. Muchos de ellos hoy mantienen un nombre importante y algo de prestigio como únicos activos financieros. Sin embargo con el pasar del tiempo muchos de ellos por no acomodarse a los tiempos actuales (sin hacer un juicio de valor sobre si son mejores o peores) terminan por erosionar su credibilidad a cambio de esa pauta que no es otra cosa que un respirador artificial.
Con la tardía reacción que caracteriza al Estado, éste también ha incursionado hace un tiempo en la publicidad en redes. Sin embargo, la independencia que tienen los creadores de contenidos hace que no deban depender de la plata pública. En 2023 hemos visto hasta el hartazgo campañas electorales de políticos en las que se pusieron millones y millones de pesos, sin éxito alguno. Sin embargo, las redes brindan la libertad al usuario de consumir el contenido que les resulte más enriquecedor. De esta forma ya no hay solo 5 o 6 canales, 4 diarios o 10 radios para elegir. Ahora la oferta es global y le va bien a quien logra satisfacer la demanda de información de la mejor manera. Como hoy cada uno puede tener su propio medio, la variedad de contenido es tan amplia como comunicadores haya. El nuevo desafío entonces está puesto sobre el consumidor, para poder discernir entre contenido valioso y la porquería que también abunda en el mundo online.
Un claro ejemplo de lo expuesto anteriormente son aquellos canales de YouTube que tuvieron la valentía de contar lo que estaba pasando con el caso de Lucio. A pesar de la cascoteada que les tiraban desde los grandes medios (una "editora de género" llegó a demandar en la Justicia a un YouTuber), la realidad es que la necesidad del público de saber qué estaba pasando con esa causa hizo que muchos de estos canales digitales sumaran miles de seguidores en poco tiempo.
Es por eso que cada vez que lean "¿Por qué esto no sale en ningún medio?", ya sabrán la respuesta. Creo que los medios tradicionales pueden seguir existiendo pero adaptándose de manera en que reduzcan estructura, bajen costos, dejen de depender de los gobiernos de turno y sigan siendo esos referentes de nombre importante al tiempo que se mantienen creíbles y fieles a su público. Sigue siendo muy enriquecedor poder reunir gente en un amplio estudio de tele, bien iluminado y que permita el diálogo cara a cara. También disfrutar de un diario en papel un domingo con un buen café con leche. Todo esto se puede seguir haciendo gracias a la tecnología que hoy ayuda a reducir costos, sumado a la creatividad e innovación de los grandes profesionales que existen en nuestro país.

Excelente explicación, sin embargo hay toda una generación que se acostumbró a ciertos nombres como si fueran dueños de la ver
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